La vida humana
El control de la natalidad
El control sobre la propia vida es uno de los principales objetivos y logros de la cultura moderna. Cuándo y cuánto aumentar la familia ha pasado a ser una prerrogativa del Hombre, más que de la Naturaleza.
Análisis histórico y sociopolítico
Desde que a mediados del siglo XX se produjo la fenómeno de la revolución sexual y el consiguiente consumismo sexual, la sexualidad ha dejado de estar autoregulada por la relación matrimonial para convertirse en una actividad desligada del contexto sentimental y social del individuo. Por ello se ha producido una promiscuidad que ha dado lugar a una procreación anárquica y, consecuentemente, a graves problemas sociales y psicológicos.
Para controlar este problema a gran escala, y por otra parte para aumentar el lucro capitalista derivado de él, los Estados occidentales han promocionado la producción y consumo de fármacos y artilugios para evitar la procreación. Estos son los métodos anticonceptivos, que desde hace tiempo y subrepticiamente se han ido convirtiendo en abortivos.
La frontera entre la anticoncepción y el aborto ha sido tan difuminada que muchos países consideran el aborto como un medio más de control de la natalidad. Desde los países de tradición marxista se ha ido extendiendo esta mentalidad a todo Occidente, y actualmente está siendo impuesta a los países de tradición cristiana como condición para recibir créditos de organismos internacionales.
El origen del control de la natalidad
El origen del control de la natalidad se remonta a 1919, cuando Margaret Sanger publicó su revista titulada “Birth Control Review”. En ella afirmaba que su objetivo era que hubiera “más hijos para los capacitados y menos hijos para los incapacitados”. Margaret Sanger estaba ligada a la naciente Eugenic Society, que promovía los mismos principios que inspiraron la superraza del nazismo.
Tras el horror producido en la sociedad por el Holocausto nazi, la Eugenic Society se hizo clandestina y cedió sus oficinas en Londres a Margaret Sanger para lavar la cara al movimiento eugenésico, creando en 1952 la Federación Internacional de Paternidad Planificada (IPPF). Ese mismo año, J.D. Rockefeller III fundaba en Nueva York el Consejo de la Población con los mismos fines. Ese fue el comienzo del movimiento mundial antinatalista.
La filosofía antinatalista
Margaret Sanger era enemiga del matrimonio. En su libro “Woman and the New Race” decía sin ambages: “lo mejor que puede hacer una familia numerosa por su miembro más pequeño es matarle”. Basada en la explosión demográfica, esta filosofía se ha extendido rápida y masivamente por todo el mundo gracias al apoyo económico multimillonario de magnates como Bill Gates, Ted Turner y Rockefeller, así como de Gobiernos de EE.UU. y de la U.E.
Sin embargo, en la actualidad este argumento ha perdido su valor por el preocupante descenso de la población en el mundo Occidental y también en el Tercer Mundo. A pesar de ello, el movimiento antinatalista no ha desaparecido ni perdido fuerza. Su nueva justificación es la “salud reproductiva” o “derechos reproductivos de la mujer”. Los grupos que la defienden alegan que el aborto es un derecho de la mujer y que es bueno para su salud, a pesar de que 2000 años de Derecho Civil y numerosos estudios científicos afirman todo lo contrario.
La voz de Mahatma Gandhi
“Si se sostiene que el control de natalidad es necesario para la nación debido a la superpoblación, yo discuto la premisa. Nunca se ha demostrado. En mi opinión, si hubiera un sistema de tierra adecuado, una mejor agricultura y una industria complementaria, este país sería capaz de mantener al doble de gente que la que tiene hoy. Estoy totalmente en contra de los medios artificiales de control de la natalidad.”
La fertilidad diferencial llevará, con toda seguridad, a un escenario socio-económico mundial muy distinto en poco tiempo. Este es el nuevo rostro del imperialismo capitalista, que vende ahora su control y explotación con el maquillaje de “salud y derechos reproductivos”. Esta es la realidad de la campaña mundial de control de la natalidad que está destruyendo la naturaleza física, psicológica y social de la humanidad.

